Noticias de la Cámara

Brexit, el único acuerdo posible no satisface a nadie

15/01/2019 bccs_2015_35

Christopher Dottie, Presidente de la British Chamber. - “Esta es una semana crucial para Brexit”. Esta frase, utilizada innumerables veces en los dos últimos años y medio, ha perdido prácticamente todo su significado. Todos comenzamos ya a estar exhaustos de Brexit: queremos seguir adelante, salir de la confusión e incertidumbre y pasar a hablar de otros temas; encontrar una varita mágica que logre que todo desaparezca fácilmente. Sin embargo, no ocurrirá y esta semana es crítica para Brexit. El próximo lunes, Europa sabrá mucho mejor la futura relación entre el Reino Unido y la UE y, sorprendentemente, todas las opciones están aún sobre la mesa.

El resultado del referéndum fue tan sorprendente que todavía muchas conversaciones en España siguen intentando discernir las razones de por qué los británicos votaron a favor de irse. El quedarse buscando respuestas nos ha impedido planificar el futuro. Cada país ha tenido diversas razones para formar parte de la UE y a lo largo de la historia ha tenido diferentes reacciones al proyecto. Para España, la UE ha aportado unos enormes beneficios tangibles como receptor directo de fondos, algo que ha permitido crecer e impulsar el desarrollo económico y social. Sin embargo, en el Reino Unido la situación ha sido más compleja, ya que se ha tratado siempre de un contribuyente directo en términos económicos y financieros, pero que nunca se ha sentido integrado en la toma de decisiones. En este contexto, se añadieron, además, condiciones de voto que favorecían la salida como la retirada del derecho de voto a los expatriados o a los residentes de la UE en el Reino Unido, mientras que se permitió votar a los residentes de la Commonwealth en el país. Con estas condiciones y con algunos de los mensajes de la campaña a favor de Brexit como el mantra de que el sistema público de salud británico recibiría más dinero, el resultado de la votación no debería habernos sorprendido. Especialmente cuando la salida se apoyaba en una amplia coalición que respondía sencillamente a problemas cotidianos del día a día. ¿Incómoda con la inmigración? Vota Brexit. ¿Descontento con la austeridad? Brexit. ¿Eres patriótico? La respuesta es Brexit. Las lecciones que surgieron de este proceso no debería ser ignorada por el resto de países de la zona. Haremos bien en escuchar con empatía en vez de incredulidad.

Represento los intereses de más de 300 empresas británicas con intereses bilaterales y que, por naturaleza, son internacionalistas. No era de extrañar que el 97% de ellas no quisieran una salida del Reino Unido. Sin embargo, aceptaron el resultado de la votación sin saber que, posteriormente, las interpretaciones que se hicieron esa votación variaban ampliamente y todavía lo hacen.

En junio de 2016 pequé de ingenuo. Nunca me imaginé la posibilidad de que el impacto económico fuera tan grave como a lo que nos estamos exponiendo. El hilo argumental de la campaña del Brexit fue que el país se había unido al Mercado Común, pero que nunca había deseado tener vínculos políticos tan estrechos. Por ello, la salida más fácil residía en una separación política que conservara los beneficios económicos. Sin embargo, para lograr su objetivo los brexiters apelaron a argumentos como la inmigración masiva, una mayor soberanía nacional o convertirse en un actor propio para los acuerdos comerciales globales más allá de Europa. El Gobierno británico aceptó que 17 millones de personas votaron por poner fin a la libertad de movimiento, evitar la jurisdicción del Tribunal Superior de Justicia de la UE y negociar por su cuenta acuerdos de libre comercio con terceros países. Esta interpretación es la única razón por la cual el acuerdo negociado entre Michel Barnier y los ministros británicos es el mejor para las partes, pero también que no contente a nadie.

No creemos que las líneas rojas que el Gobierno británico sean interpretación fiel del resultado del referéndum. No vemos que haya una evidencia tangible de que la mayoría de los británicos deseen poner fin a la libertad de movimiento y aceptar las consecuencias económicas y sociales de eso. Nuestras empresas están sumamente preocupadas por los flujos de talentos y no apoyamos ninguna solución que limite los movimientos migratorios tengan un efecto positivo en nuestros negocios y en nuestras vidas.

Parece que la táctica de Theresa May de asustar tanto a los brexiters como a los remainers está condenada al fracaso. Será difícil contentar a ambas partes y es probable que no se ratifique el acuerdo. El Parlamento está arrebatando el control al Ejecutivo, por lo que May se verá obligada a explicar sus próximos pasos en una semana. Varias figuras cercanas la animan a seguir a pesar de poder lograr un Brexit sin acuerdo y el Gobierno británico está gastando millones de libras para comenzar los preparativos de este escenario. Públicamente se ha sugerido que el país debe renunciar al pago para saldar las obligaciones futuras y se ha filtrado que la UE, incluso, mejore en el último momento el acuerdo. No debería haber lugar para semejante imprudencia: un Brexit sin acuerdo sería catastrófico para la economía británica y perjudicial para España. La retención de pagos por las responsabilidades del país tendría efectos dramáticos en su reputación, así como en nuestra capacidad para comerciar internacionalmente. En el futuro, ha quedado claro que la UE-27 se ha comprometido y unido a lo largo del proceso.

El no lograr la confianza del propio Gobierno puede llevarnos a unas elecciones generales. No olvidemos que desde el referéndum ya ha habido elecciones, en la que los principales partidos se comprometieron a implementar Brexit, una solución que no parece ideal para nuestros miembros. Ello deja la posibilidad de un segundo referéndum.

Aquí es de donde España y la UE deben reflexionar: ¿qué razones tenemos para creer que el resultado ahora sería diferente? El sentimiento de impotencia británico con la UE ha aumentado en los últimos años, como con el nombramiento de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea o el intento, por parte de David Cameroon de obtener compromisos de reforma de la UE antes del referéndum. Diecisiete millones de personas en una de las economías más grandes de Europa estaban tan insatisfechas de ser ciudadanos de la UE que votaron por irse. Eso debería hacernos parar y reflexionar.

Muchos españoles desean que el Reino Unido permanezca en la UE. Los alentaría a ellos y a su Gobierno a que consideraran qué razones pueden ofrecer para que lograrlo. No es otra alegoría del excepcionalismo británico, sino una consideración de las mejoras que se puedan realizar efectivas para la UE y sus ciudadanos en las próximas décadas. Cierto es que salir de la UE es complicado y costoso, pero esto no son razones suficientes para quedarse. Trabajemos juntos, consensuando y comprendiendo cómo los 28 países puedan crecer los éxitos indudables del pasado y avanzar hacia un futuro más claro. Parafraseando a uno de los expatriados europeos más exitosos del Reino Unido, Oscar Wilde: perder un referéndum europeo puede considerarse una desgracia; perder un segundo, un descuido.


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